Por Rocío Franco
Desde Estados Unidos
Nuestra personalidad está definida en gran medida por nuestra cultura. Un conjunto de modos de vida y costumbres que se adquieren mayormente en el país que nacemos.
Sin embargo, hay muchos otros factores independientes a la nacionalidad que se van almacenando y que determinan nuestro comportamiento.
Me gusta creer que se van acumulando en una especie de mochila que nos acompaña a todas partes, muchas veces como una carga pesada.
Me hice conciente de que llevamos esta mochila hace unos años atrás, trabajando para el gobierno en Paraguay. Desde mi labor en el tema del avance de la mujer, empecé a reconocer con mayor claridad las actitudes machistas que forman parte de nuestra cultura y que cargamos en la mochila tanto hombres como mujeres.
Pero no fue sino hasta mi incorporación a la ONU que la existencia de la mochila se me hizo más evidente. Me percaté de lo difícil que es a veces cargarla al tratar de ajustarme a la disciplina de una vida agitada y exigente como esta.
Mi mochila como paraguaya
Tuve que sobreponerme, por ejemplo, a lo que en Paraguay llamamos “vaí-vaí”, que significa en Guaraní : así nomás o en otras palabras, a medias.
Corroboré que la mediocridad es un deporte popular en Paraguay, que lo practicamos en forma automática. Tanto es así, que las mediocridades pasan frecuentemente frente a nosotros y ya ni las percibimos.
A muy pocos les importa buscar la calidad en lo que hacemos. De hecho la calidad o la perfección es entendida en la mayoría de las instituciones y empresas de Paraguay, como un lujo en el que no vale la pena invertir. Se equivocan.
La búsqueda de la calidad, de la excelencia o de la perfección, cómo quieras llamarla, paga con creces.
No conozco una sola empresa exitosa en el mundo que haya sobresalido siendo mediocre, a no ser por las menos mediocres en un país de mediocres. A las que se les aplica la alegoría de que el tuerto es rey en el país de los ciegos. De igual forma, no conozco un solo país en el mundo que haya derrotado a la pobreza siendo mediocre.
Las cosas bien hechas, son mejor recibidas independientemente del público al que nos dirigimos. No porque los consumidores sean más ignorantes o más pobres, deben recibir basura. Con el tiempo, la mediocridad sale más cara y se cobra la reputación y el prestigio.
Y cuando la mediocridad se aplica al bienestar de un país, hipoteca el futuro de nuestros hijos y nietos. Varias generaciones tendrán que sufrir a causa de ello.
Desde mi experiencia aquí, puedo mencionar con gratitud, el aliento de mi jefa para escribir cada una de mis historias con la mejor calidad posible. Cada puntuación correcta, cada palabra en su contexto apropiado. Desde el tema elegido hasta la forma de contarlo. Cada pormenor debe ser cuidadosamente pensado.
Este ejercicio que al principio era más parecido a una tortura, ahora se volvió una bendición.
Igual somos pasibles de errores. Pero al menos se incentiva la calidad y esta actitud es contagiosa. Tal como también lo es la mediocridad en Paraguay.
Debo admitir que yo era de las que sostenían que la perfección es el vicio de los inútiles. Creía que las personas que se detienen demasiado en los detalles, nunca alcanzan la meta.
Seguramente habrá quienes se escudan en el perfeccionismo para justificar su ineficiencia. Pero ahora soy de las que apoya la búsqueda de la perfección y espero que estos párrafos sean una forma de promoverlo. Creo firmemente que es una condición importante para el éxito, aunque no la única.
Todos deberíamos revisar nuestra mochila
Volviendo a la figura de la mochila y desde un punto de vista más científico, una de las cosas que me llamó la atención en la ONU, es la importancia que le da esta organización a administrar las diferencias culturales.
Lo hacen porque en la ONU los recursos humanos provienen de 191 países diferentes. Pero sobretodo, porque las diferencias culturales tienen una enorme influencia en las relaciones entre colegas y en el rendimiento laboral.
Ciertas características de la personalidad de cada uno y dependiendo de la combinación de qué cosas están cargadas en la mochila, un equipo puede ser más eficiente que otro, o más conflictivo que otro.
En una charla de orientación para los nuevos funcionarios de la ONU nos hablaron de este tema.
Allí aprendí que lo primero que define nuestra personalidad tiene que ver con nuestra edad, con nuestra raza o etnia, con nuestra habilidad física, con nuestra orientación sexual y con nuestro género.
Pero también nos define nuestra ubicación geográfica, nuestro lenguaje, o nuestro estado civil. Nuestra apariencia, nuestra experiencia laboral y nuestra educación.
Tanto es así que nadie es igual a otro. Algo así como vivir en una jungla de personalidades que habitan el planeta. ¡No me sorprende por qué es tan difícil vivir en armonía!
La historia de la mochila cultural no debería ser un secreto. Todos deberíamos saberlo. Las empresas y las instituciones del gobierno deberían hablarlo con sus empleados.
Por lo menos en mi caso, la charla que recibí en la ONU, me sirvió para revisar qué cosas están metidas en mi mochila. Este es definitivamente el primer paso para empezar a descargarla y qué alivio es viajar por la vida más livianos.
rociofranco27@hotmail.com
rociofranco.blogspot.com
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