Archivo: publicado en abril de 2007Mate en camello
En el 2006, Hugo Ramírez, oriundo de Itapúa, viajó becado para estudiar ciencias políticas en Salamanca, España. Hace unos días se tomó una excursión por tierras musulmanas con un grupo de amigos y está seguro que es “el primer hombre en la tierra que tomó mate en camello”. Aquí está su relato…
Llegamos un jueves de tarde a Casablanca y tomamos un tren directo a Marrakech (la segunda capital del reino y la más turística de Marruecos). En el tren (que era como en las películas árabes, viejito, con muchísima gente...) me impresionó que cuando llegó la hora de la oración, ahí mismo, en sus asientos, dos musulmanes que iban a mi lado comenzaron a inclinarse en dirección a La Meca y a orar. Ya en Marrakech, para que haya más adrenalina en el viaje, se me cayó el pasaporte en el taxi que nos llevó de la estación al hotel. Estuve un poco angustiado, pero manteniendo la calma, por un par de horas. Lo tomé con mucha calma, porque es una costumbre familiar perder el documento. Andaba pensando ya cómo hacer para regresar a España. Por suerte, el taxista encontró mi pasaporte y me lo trajo al hotel. No aceptó ninguna propina.
Marrakech (3 millones de habitantes) es una ciudad medieval interesantísima. Tiene una mezquita cuya torre es igual a la Giralda de Sevilla. La Medina, que es la parte amurallada de la ciudad, la parte antigua, digamos... una especie de plaza mayor, es increíble. La tradición musulmana inmutable, que se quedó en el tiempo (vestimentas, costumbres), convive perfectamente con la modernidad influyente de Occidente. La sociedad marroquí (su población es mayormente árabe y beberé, también hay saharianos, subsaharianos...) es muy tradicional. De hecho, su forma de gobierno todavía puede considerarse como una monarquía absoluta. Adoran a su rey Mohamed V.
El viernes lo dedicamos a Marrakech, a conocerla, y a comprar. Llevé poca plata, pero también pude traerme un par de recuerdos. Los vendedores (que tienen una tradición comercial de siglos, en la que no existen las reglas del capitalismo de precios fijos y demás, sino la "ley del regateo"), te ofrecen las cosas por cinco veces más y después empiezan a ofrecerte por menos. Uno tiene que saber despegarse de ellos, porque hasta que no te venden algo, no te dejan. A mí me encajaron un pañuelo (que quería para mi madre) por un precio considerable. Creí que lo compré barato, pero ni ahí... caminando caminando, había lo mismo por la mitad de precio. Pasamos la noche en la ciudad, estuvimos en la plaza (danzas, encantadores de serpientes, todo lo que uno pudiera imaginarse de la Edad Media...).
Cansadísimos fuimos a dormir. Éramos catorce hasta ese momento. Mujeres: 2 francesas, una belga, 2 argentinas, una uruguaya, una mexicana, una brasileña; muchachos: un argentino, un español, un italiano, un brasileño, un ecuatoriano y el paraguayito que les escribe. Después, tomamos rumbos diferentes. Nuestro grupo se dividió; en el mío éramos nueve. Nos reencontraríamos recién en Casablanca el martes de noche.
El sábado fuimos a la puerta del Sahara, a una ciudad berbere, Zagora. Rentamos unos camellos para ir al campamento ubicado donde empiezan las dunas. Pasamos la noche allí, entre las dunitas. En los campamentos tuvimos las comidas típicas de los berberes del desierto: couscous, tajyin, té berbere. Olvidé contarles que está prohibido por el Islam el alcohol y no lo toman (se consigue en el mercado negro o en los sitios exclusivos para turistas). La gente en las calles por la noche toma té marroquí (de menta y endulzado); bueno, los jóvenes suplen bien el alcohol por "chocolate" (hachís). Claro, yo siempre anduve con el mate y en todas partes (hasta los policías) me preguntaban qué era mi "pipa". Creían que tenía marihuana o alcohol y no se contentaban hasta que no les hiciera probar. Por supuesto que yo les explicaba qué era lo que estaba tomando, en un francañol más o menos claro (menos que más). Les gustaba (estoy convencido de que soy el primer hombre en la tierra que tomó mate en camello, así que tendría que aparecer en los guinness).
Fue increíble estar la noche tirado en la arena mirando la grandiosidad del cielo claro y abierto y oyendo el sonido de la naturaleza. Es como un viaje desde lo magnífico de la naturaleza hasta la pequeñez interior de cada uno y hasta nos surgen como unas ganas de orar. Es una sensación indescriptible. Uno llega a decir... con razón son muy religiosos estos pueblos. Después de ver el amanecer y pasar la mañana allí, emprendimos nuevamente la "camellada" a Zagora. La verdad que "camellear" no es muy cómodo que digamos, principalmente para las mujeres (algunas de mis compañeras habrán descubierto que son multiorgásmicas durante el trayecto). Pasamos la noche otra vez en Marrakech y al día siguiente fuimos a Elsaouira, a la playa.
Elsaouira es un lugar para visitar (ideal para una luna de miel, en caso de que tengan interés en este sacramento...). Comimos en el mercado. Uno elige los peces expuestos y en el acto ellos los asan. Baratísimo. Además, disfrutamos de la música típica bereber, con sonidos que no corresponden a nuestra escala musical de siete tonos dominantes. Una estética musical totalmente diferente, exótica, al principio cacofónica, pero luego, exquisita. En esta ciudad la artesanía era mucho más barata aún, pero el protagonista de esta historia ya comenzaba a contar monedas así que no gastó nada. Fue un día más o menos fresquito, así que las chicas nada más tomaron sol en la playa y los muchachos caminamos por allí. Solamente dos se metieron al agua, dos que no tienen mar: un extremeño y un paraguayo (¡a que no adivinan quién!). Bueno, de allí tomamos un bus a Fez, la primera capital de Marruecos, una ciudad que tuvo su esplendor en el siglo XIV.
Fez está próximo al Atlas. También camino a Zagora se puede apreciar la inmensidad del Atlas Medio. Fez es una de las ciudades que más floreció en la Edad Media, pero su medina no está muy conservada como en Marrakech. Sólo en la medina hay cientos de mezquitas. Entramos a la Madraza del barrio andaluz. Sabrán que Andalucía (así como lo que hoy es Extremadura) pertenecía a Marruecos hasta que los reyes católicos unificaron el reino. En el barrio andaluz residían, a veces transitoriamente, los andaluces que venían a la universidad para estudiar el Corán. Fez (más de 3 millones de habitantes) también es interesante, pero no me gustó tanto. En la nochecita tomamos un bus y fuimos a Casablanca. Antes paramos un rato en Rabat (la capital), pero solo de paso. Aproveché para calentar un poquito de agua para el mate, por supuesto.
En Casablanca (6 millones de habitantes) por fin dormimos como en Occidente, en un hotel con pequeñas comodidades a las que ya me había acostumbrado... la civilización cristiana-occidental suele malacostumbrarnos un poco. En la mañana fuimos a la mezquita Hassan II, que es la tercera más grande del mundo. Es ya contemporánea. Se terminó de construir en 1993. Está construida en parte sobre el mar, por un versículo del Corán. De estilo arábigo moderno digamos (no sé si existe este estilo), pero es una mezcla del estilo arábigo musulmán, con elementos modernos. Simplemente impresionante. Una maravilla del arte contemporáneo. Los materiales son de lo mejor que se encuentra a lo largo de Marruecos, desde la madera, el mármol, hasta los metales. Todo se conserva con técnicas milenarias, en base a productos naturales, con pocos contenidos químicos. Para tener una idea, participaron diez mil artesanos en su construcción y decoración que duró seis años. Los colores que se utilizan en la decoración son totalmente naturales (por ejemplo, el blanco se obtiene de la clara de huevo, el amarillo de azafrán y así...).
Y aquí terminó esta semana para recordar. Llegué sano y salvo de las muy temidas tierras musulmanas. La gente allá es muy formidable y generosa (excepto algunos comerciantes) y en todo momento tratan de ganarse la simpatía de uno. Ciertamente son cerrados en sus creencias, pero muy solidarios y con un profundo sentido de la vida.
Ha sido una experiencia única, que nos ayuda a saber apreciar las diferencias culturales y a ser tolerantes con lo diverso. A partir de ahora, seguro comprenderé mejor y sabré querer más a los musulmanes. Igualmente, doy gracias a Alá y a Mahoma por haber nacido en Occidente. Bendita Isabel la Católica que conquistó el sur de España (de donde proviene mi apellido), de modo que al Paraguay llegaron los graciosos y españoles, y no los genios árabes.
Un saludo afectuoso a todos...
Huguito Ramírez
Contacto:
hugonono@gmail.com
NOTA DE MAITEI: Si alguien conoce otro paraguayito que haya tomado mate en camello o haya hecho algo insólito que nos escriba a contacto@maitei.com.py
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